De torrijas y otros productos de temporada.

Llega Semana Santa, empiezan las procesiones y todos esos eventos a los que a la gente le encanta ir a ver, con sus empujones, aglomeraciones... Y empieza la temporada de la torrija. Que si dependiese de los almacenes del triángulo verde, duraría desde las rebajas de enero hasta el inicio de las de verano (para luego seguir con la vuelta al cole y la navidad). En cualquier sitio te encuentras las susodichas rebanadas de pan, en los escaparates de las pastelerías, en las barras de los bares, en cualquier sitio. 

Y entonces es cuando te da por reflexionar, y por qué sólo en semana santa, si no deja de ser una rebanada de pan, mojada en leche y frita, que no son productos que escaseen el resto del año. Y por qué no unas torrijas en agosto o en octubre. Y por qué ese precio, si no deja de ser una rebanada de pan, y encima, del día anterior. Reaprovechamos sobras a precio de oro, en definitiva. Pero entre estas reflexiones sale el instinto glotón y empiezas a salivar, y a pensar en que "quiero torrijas, quiero torrijas, quiero torrijas" (Espíritu de Homer Simpson sal de mi cabeza!!!)

Y llegas a casa, y te pones a hacer torrijas. Y te tiras toda la mañana. y dejas la cocina como si hubieran estado cocinando las cinco temporadas de Masterchef seguidas sin limpiar. Y entonces ya piensas que a lo mejor, no es tan descabellado pagar lo que piden por ellas en la pastelería o en el bar de abajo. 

Pero de repente, la vena creativa, hay que mejorar esto, vamos a hacer algo más bonito que una rebanada de pan frito... ideas, un poco de búsqueda por San Google, y acaba saliendo esto:



Pues nada, queda de foto, le ponemos nombre: Torrija sobre crema de limón y tejas de almendra. Y ya no es la tradicional torrija de semana santa, y al final está mejor la teja de almendra que la propia torrija. La próxima vez ahorramos tiempo y manchas en la cocina eliminando crema y torrija.

Pero a lo que íbamos, que esto de los productos de "temporada" es un poco así. Que difícilmente vamos a comer setas de temporada en enero, que haberlas, haylas, pero congeladas, y tampoco queda igual. Que no es cuestión de comer naranjas en agosto y uvas en abril (upsss, que viene el Ramoncín con su amiga SGAE y nos arrea...).

Que aunque en navidad estemos saturados, comer turrón fuera de temporada, que es cuando puede apetecer, es más complicado por la escasa disponibilidad en comercios. Bueno, en algunas casas, sobra desde navidad hasta mayo, y nunca se acaba... especialmente el duro. Que si, realmente no se lo come nadie, ¿por qué siempre lo compramos?

Pero hay otros productos, que debido a sus materias primas e ingredientes, los podríamos hacer todo el año. Buñuelos de Los Santos, potaje en cuaresma, Hornazo después de Semana Santa... Bueno, por lo menos, el hornazo se ha popularizado lo suficiente para poder comprarlo todo el año (incluso en plena semana santa, época de abstinencia, pecado!!!). Recuerdo un 21 de septiembre de 2012, día de mi boda, comer un potaje en un menú del día, que nos supo a gloria, pero alguien comentó lo esperado:  ¿cómo ponen un potaje en estas fechas, si es comida de cuaresma?.

Pues eso, que voy a hacer unos buñuelos en breve, con un potaje de primero, que quite el hipo. Bueno, el potaje tal vez no me dejen, que alguna en casa no puede con las espinacas. O mejor, me lo como a escondidas, como el que asalta el frigorífico de madrugada.

Y aquí dejamos las reflexiones gastronómicas del día. Y que si alguien quiere la receta de las torrijas, preguntad y responderé. 

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